La celebración abre la puerta. La pertenencia depende de nosotros.

Abril es el mes de la aceptación del autismo. El tema de este año es “Celebrar las diferencias.” Es un mensaje hermoso, y también es el punto de partida, no la meta.

¿Recuerdas una ocasión en la que fuiste bienvenida? Te recibieron y fuiste parte.

Hay algo único en esa sensación. Porque va más allá de las palabras. Darte la bienvenida no es lo mismo que recibir un cumplido o ser apreciado. Es saber que en ese espacio te sientes segura. Que también es tuyo sin que hayas tenido que disimular u ocultar una parte de ti misma para poder estar ahí.

Eso es pertenecer. Y para muchas personas autistas*, esa sensación sigue siendo inalcanzable.  

La distancia entre ser celebrada e incluida

Lo que comenzó como un movimiento para generar conciencia sobre el espectro del autismo ha evolucionado hacia la aceptación, y hoy da un paso más: hacia la celebración de las diferencias. Celebrar las diferencias va más allá del reconocimiento; implica inclusión real. Esto refleja un progreso. Por mucho tiempo, la conversación sobre el autismo se centró casi exclusivamente en los déficits: lo que era difícil, lo que era diferente de una manera que “necesitaba arreglarse.” Moverse hacia un enfoque basado en fortalezas es significativo.

Pero hay una pregunta importante: ¿qué se siente ser celebrada y al mismo tiempo tener que navegar constantemente espacios que no fueron diseñados con tu cerebro en mente? La pregunta es: ¿qué viene después? La celebración es la línea de partida. Lo que construimos a partir de ahí depende de cada uno de nosotros.

Lo que el cerebro realmente necesita

Los estudios han demostrado que el cerebro procesa la exclusión social de manera similar al dolor físico. Neurológicamente, la experiencia de la exclusión se registra como una amenaza.

La pertenencia es una señal de seguridad. Cuando pertenecemos, el sistema nervioso puede relajarse. Se piensa con más claridad, la conexión fluye con mayor facilidad, y es posible mostrarse plenamente. Cuando no se pertenece, algo en nosotros siempre está en guardia, aunque no podamos nombrarlo.

Para muchas personas autistas, una cantidad significativa de energía diaria se destina a manejar esa guardia. Ajustar cómo se comunican. Suprimir reacciones. Traducirse a un formato que el entorno acepte. Eso tiene un costo real, y no es lo mismo que pertenecer.

Por dónde empezar

Tiene menos que ver con lo que decimos y más con lo que construimos. Cómo estructuramos las conversaciones. Cómo compartimos la información. Cómo hacemos espacio, literal y figurativamente, para quienes piensan y sienten de manera diferente.

Si te preguntas cómo pasar de la celebración a la pertenencia en tu vida diaria, aquí hay tres cosas que vale la pena intentar:

Pregunta en lugar de asumir. El camino más directo hacia la pertenencia también es el más sencillo: pregunta a las personas autistas en tu vida qué les ayuda realmente. No lo que tú crees que ayuda. Lo que les resulta útil. Preferencias de comunicación, necesidades sensoriales, o cómo les gusta recibir retroalimentación. A la mayoría nunca se les ha preguntado.

Mira tus estructuras, no solo tu actitud. ¿Cómo se dirigen tus reuniones? ¿Cómo se comparte la información? ¿Hay reglas sociales no escritas que alguien nuevo en tu entorno tendría dificultad en conocer? La pertenencia se rompe con frecuencia no por malas intenciones, sino por sistemas invisibles que favorecen una sola forma de ser.

Haz espacio para diferentes formas de participar. La contribución no tiene que verse de una sola manera. Hay quienes piensan mejor por escrito. Quienes necesitan tiempo antes de responder. Quienes se comunican con más claridad de manera individual que en grupo. Cuantas más formas haya de contribuir, más personas podrán hacerlo.

¿Quieres profundizar?

Un equipo de investigación de la Universidad Estatal de Utah ha publicado un trabajo accesible y reflexivo sobre la construcción de comunidades neuroinclusivas que va más allá del trabajo y se adentra en las amistades, la vivienda y los espacios cotidianos.  

Una pregunta para llevarte

Este abril, ¡celebra! Celebra a las personas autistas en tu vida, tus clientes, tus colegas, tu comunidad. Celebra todo lo que aportan.

Y luego pregúntate:

¿Pertenecen aquí, en el trabajo, donde compramos, en los espacios que compartimos? Si hay una brecha, eso no es motivo de sentirse culpable. Es un lugar desde donde comenzar.

La celebración abre la puerta. La pertenencia depende de nosotros. 

Con gratitud, 

Ana Isabel Sánchez  

* Una nota sobre el lenguaje: uso “personas autistas” a lo largo de este texto, en línea con el lenguaje basado en la identidad que prefiere parte de la comunidad autista. También puedes encontrar expresiones como “persona con autismo” o “persona con trastorno del espectro del autismo.” Las preferencias varían, y la práctica más respetuosa es siempre seguir la pauta de cada persona.