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Pensamos en el Día de San Valentín como algo concerniente a las relaciones de pareja. Pero hay otra relación que silenciosamente moldea cómo pensamos, sentimos y funcionamos cada día: tu relación con tu sistema nervioso.
A menudo hablo sobre los beneficios del mindfulness y la meditación. Estas prácticas ayudan al sistema cognitivo, la neuroplasticidad, la regulación emocional y la salud cerebral en general. La investigación científica es sólida. Una investigación reciente publicada en los Proceedings of the National Academy of Sciences incluso encontró que la meditación de atención enfocada influye en la forma en que circulan los fluidos en el cerebro. Estos estudios mostraron que durante la meditación, los fluidos en el cerebro comenzaban a moverse de maneras que típicamente solo ocurren durante el sueño profundo, que es cuando el cerebro elimina los residuos del pensamiento y la actividad del día.
Esto ayuda a explicar por qué el mindfulness a menudo se vincula con la salud cognitiva y neurológica a largo plazo. El beneficio no es solo mental. Es fisiológico.
Y sin embargo, la meditación puede no ser accesible para todos los sistemas nerviosos.
Muchos clientes me dicen: "Sé que la meditación es buena para mí, pero simplemente no puedo hacerla."
Si has intentado el mindfulness y no te sientes bien, no significa que tu cerebro sea reticente, no funcione o sea indisciplinado. Usualmente significa que tu sistema nervioso tiene un lenguaje de amor diferente.

Cuando tratamos de forzar la calma de una manera que no coincide con la forma en que nuestro cerebro procesa la seguridad, el resultado es a menudo más frustración, no regulación.
La buena noticia es que hay varias alternativas respaldadas por la ciencia que ofrecen muchos de los mismos beneficios regulatorios, a menudo de una manera más accesible.
- Movimiento suave. El movimiento ligero e intencional como estiramientos, yoga o trabajo de movilidad le da al sistema nervioso algo predecible que seguir. Para muchas personas, el movimiento calma la mente de manera más efectiva que quedarse quieto porque el cerebro está estimulado.
- Caminar como forma de mindfulness. Si caminar te ofrece claridad o la sensación de estar centrado, eso cuenta. La naturaleza rítmica de caminar apoya la regulación del sistema nervioso, y estar al aire libre añade un efecto adicional de conexión a la tierra. Permite que la atención se mueva con tus pasos.
- Visualización. Si alguna vez has imaginado un lugar calmante cuando estás estresado, ya estabas usando una herramienta poderosa de regulación. La visualización funciona mejor cuando involucras los sentidos. Nota lo que verías, oirías, olerías y sentirías. El detalle sensorial ayuda a señalar seguridad al cerebro.
- Prácticas de Conexión con la tierra (grounding). Para sistemas nerviosos que encuentran abrumador el enfoque interno, el grounding puede ser mucho más accesible que la meditación. El grounding (aterrizaje/centramiento) es la practica de utilizar técnicas sensoriales para conectar el cuerpo y la mente con el momento presente. Aquí te comparto el método 5-4-3-2-1 que le da al cerebro algo concreto en que apoyarse.

- Tareas enfocadas y repetitivas. Actividades simples y repetitivas como cortar vegetales, doblar ropa, trabajar en el jardín o limpiar pueden ser sorprendentemente calmantes. La repetición crea estructura y predictibilidad, lo que reduce el ruido mental y apoya la regulación.
Un recordatorio importante: estas prácticas funcionan mejor cuando se usan regularmente. Al igual que la meditación, se trata de construir acceso a la calma poco a poco.
Esta temporada de San Valentín, considera hacerte una pregunta diferente. Cambia "¿Por qué no puedo meditar?" por "¿Qué ayuda a mi sistema nervioso a sentirse seguro y apoyado?"
Esa pregunta por sí sola es un acto de auto cuidado. Y este Día de San Valentín podría ser el día en que descubres este lenguaje de amor.
Con gratitud,
Ana Isabel Sánchez
* Todas las ilustraciones son obra de Carlos Rubin y se utilizan con su autorización.
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