Abrámosle las puertas al gozo

Este es el Mes de Concientización sobre la Salud Mental. Cuando me disponía a escribir este boletín, revisé los números anteriores buscando un tema que aún no hubiera cubierto. Al mismo tiempo, estaba siguiendo de cerca las noticias y comentarios acerca del Artemis II mientras volaba alrededor de la Luna. En ese sentido se empezó a utilizar las palabras “moon joy” o el gozo lunar al definir el contagioso sentido de asombro de la tripulación. Por otro lado en el mundo del derecho, la comunidad de bienestar en el ámbito legal anunció el tema de la Semana del Bienestar en el Derecho de este año: Cultivar el gozo. Así resultó que dos mundos completamente distintos apuntaban hacia la misma idea.

Fue entonces cuando el tema quedó claro: el gozo.

Empecemos por definir el gozo. El gozo no es lo mismo que la felicidad. La felicidad tiende a ser cognitiva, algo que puede cultivarse a través del pensamiento y la reflexión. El gozo es más visceral, más duradero y a menudo está arraigado en la conexión con otros. Investigadores de la Universidad de Harvard han hecho esta distinción desde al menos 2011. El gozo es una emoción positiva que nos abre: nos hace más receptivos, más presentes, más capaces de conectar con lo que realmente importa. El Instituto para el Bienestar en el Derecho describe el cultivo del gozo como un equipamiento para enfrentar los desafíos reales, no minimizarlos. Exploremos el gozo como una herramienta de salud.

Nota sobre la traducción: En inglés, joy y happiness tienen significados distintos. Joy, traducido aquí como gozo, es más visceral, más duradero y más arraigado en la conexión con otros. Happiness, o felicidad, tiende a ser más cognitivo. Aunque en medios como CNN en Español se ha usado alegría para traducir joy, elegí gozo aquí porque captura mejor esa profundidad. Ambas palabras son válidas, pero no son idénticas.

LO QUE TU CEREBRO SABE SOBRE EL GOZO

La teoría de ampliación y construcción de la psicóloga Barbara Fredrickson es uno de los marcos más claros que tenemos para entender por qué el gozo importa más allá de cómo se siente. Su investigación muestra que las emociones positivas amplían tu pensamiento, fortalecen la resolución de problemas, profundizan la conexión y ayudan al cuerpo a recuperarse más rápidamente del estrés. También construyen lo que Fredrickson llama recursos personales duraderos: las reservas internas que te sostienen en los momentos más difíciles.

El gozo no es solo una recompensa para los buenos momentos. Es un recurso que nos ayuda a atravesar los difíciles.

LA TRIPULACIÓN ARTEMIS Y EL TREN DEL GOZO

En abril de 2026, la tripulación del Artemis II voló alrededor de la Luna. Lo que capturó la atención de la gente no fue solo la misión en sí, sino el visible sentido de asombro y gozo de la tripulación.

Después del amerizaje, el astronauta Jeremy Hansen explicó un concepto que la tripulación había estado usando durante años en el entrenamiento. Lo llamaron el “joy train”, o el tren del gozo. Para Hansen, se trataba de la satisfacción que surge de la contribución significativa y el verdadero trabajo en equipo.

La idea es simple y profundamente humana. No siempre estás en el tren del gozo. Habrá días en que el trabajo es difícil, la presión es alta y tu entusiasmo no aparece por ningún lado. Eso no es un fracaso. Esa es la realidad. Lo que importa es con qué rapidez regresas a lo que importa: el significado detrás del trabajo, las personas a tu lado y el sentido de maravilla que sigue existiendo incluso cuando las cosas son difíciles.

Eso es pensamiento informado por la neurociencia, aunque ellos nunca lo llamaron así.

POR QUÉ EL GOZO CABE EN LA CONVERSACIÓN SOBRE SALUD MENTAL

Salud mental no es solo manejar lo que es difícil. También se trata de construir lo que nos sostiene. La investigación de Fredrickson muestra que las emociones positivas apoyan la resiliencia, fortalecen la conexión y amplían nuestra capacidad de afrontar el estrés.

El tema de la Semana del Bienestar en el Derecho de este año, Cultivar el gozo, nos invita a construir esa práctica: a mirar con honestidad lo que nos restaura, nos da energía y nos reconecta con el por qué de lo que hacemos.

La tripulación Artemis no llegó al gozo lunar por casualidad. Lo construyeron deliberadamente, a través de un compromiso compartido de volver al tren del gozo cada vez que las circunstancias los sacaban de él.

CUANDO EL GOZO ES DIFÍCIL DE ENCONTRAR

Cuando la vida es difícil, buscar el gozo puede sentirse como una carga adicional de las que no puedes manejar.

Lo que la neurociencia ofrece en esos momentos no es un atajo. Es algo más útil: puedes cambiar el lente. Los investigadores llaman a esto revaluación cognitiva. Significa cambiar cómo interpretas lo que está pasando, no negándolo, sino eligiendo un marco diferente. Cuando haces eso, la respuesta de estrés de tu cerebro comienza a calmarse. No porque lo difícil haya desaparecido, sino porque lo estás afrontando de otra manera.

No estás fingiendo. Estás trabajando con tu cerebro en lugar de en su contra.

Volver al gozo es con frecuencia un paso pequeño y ordinario. Puede ser una caminata de cinco minutos entre reuniones, o incluso un buen llanto, que puede ayudar a liberar el estrés acumulado del sistema nervioso.

Cultivar el gozo a veces es abrirle espacio.

UNA REFLEXIÓN PARA ESTE MES

Al hablar después del amerizaje, Hansen compartió que la tripulación era un espejo que nos refleja a todos. Dijo que si nos gustaba lo que veíamos en ellos, miráramos más adentro, porque esa alegría, esa camaradería y esa pasión por contribuir también viven en nosotros. ¿Qué verías si hoy miraras más adentro?

Con gratitud, 

Ana Isabel Sánchez